Endodoncia

Cuando se nos presenta un dolor en una pieza dental muy agudo, normalmente es debido a que una caries ha llegado al nervio del diente, dolor por el cual en la Edad Media llevó al suicidio a muchos. Y es que este dolor es de los peores y más difíciles de calmar de los varios que podemos padecer, ya que es una inflamación de un nervio contenido dentro de una cavidad cerrada sin capacidad de expansión. El nervio del diente se llama “pulpa”, y se comunica a través de los vasos sanguíneos con el resto del organismo, pudiendo las bacterias viajar a cualquier parte del cuerpo. Estas bacterias tienen especial predilección por el tejido cardíaco, pudiendo causar en potencia una endocarditis bacteriana.

Lo mejor forma para evitar  este tipo de situaciones es acudir a las revisiones, citas de higiene y chequeos radiográficos. Muchas caries se esconden debajo de empastes antiguos, a nivel de encía, en zonas de retención de alimento, y difícil acceso al cepillo, pudiendo no ser visibles si no es por un profesional.

Una vez que el diente ha sufrido, ya sea por una caries, por un traumatismo, sufra de hipersensibilidad, o sufra de trauma oclusal por apretamiento; el nervio puede verse alterado de forma transitoria dando signos de molestia y/o dolor, que si persisten, solo se solucionará mediante la extirpación del nervio haciendo lo que se llama un tratamiento de conductos. En el que se extirpa la pulpa contaminada, se irriga con desinfectantes el interior para dejarlo libre de bacterias, y se sella la cámara pulpar con un cemento para que no pueda volver a ser invadido. Los nervios infectados no siempre duelen, a veces pasan desapercibidos o hacen fístulas purulentas de forma crónica. El uso de analgésicos y/o antibióticos solo palia el problema, pero no lo resuelve.